¿Somos los humanos seres quiméricos?

Realmente, si presenciamos una gala de Hollywood y nos fijamos en los actores y actrices, nada nos hace recordar al animal mitológico de cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón.

El genoma humano codifica aproximadamente 23.000 genes y estos genes no parecen suficientes para llevar a cabo todas las funciones biológicas del organismo; un creciente número de estudios indican que estas funciones del cuerpo no son llevadas sólo por nuestros genes sino también por los del trillón de microorganismos que residen sobre y dentro de nuestro organismo.
Los genomas de las bacterias y virus del intestino humano, codifican alrededor de 3,3 millones de genes. La riqueza genética de estos “bichos” es mucho mayor que la nuestra propia. Ellos sirven como un buffer e interpretan nuestro entorno; así que realmente, sí somos animales quiméricos como indica el Dr. Danska, inmunólogo del Hospital para niños enfermos de Ontario (Canadá).

La flora intestinal guarda un equilibrio que puede alterarse y llevar a un desequilibrio que induzca a la inflamación y provoque enfermedad en el cuerpo, incluso en el sistema nervioso central.

Los investigadores han postulado que las bacterias intestinales influencian la función cerebral. El embriologista ruso Merchnikott, hace un siglo, pregonaba que las bacterias del colon ayudaban a combatir la senilidad y que las contenidas en yogurt incrementarían la longevidad. Mi modesta abuela Consuelo, muy observadora, solía decirnos que de “la panza sale la danza” significando que el estado de humor dependía del intestino.

Pero ¿cómo pueden las bacterias confinadas en el intestino influenciar en el cerebro? ….a través de las células inmunes que contactan con ellas. Alrededor del 70% de las células inmunes en un momento determinado se encuentran en el intestino y después circulan por el organismo de forma que la microflora intestinal puede explicar qué respuesta inmune se dará en otro lugar. Así, si las células T presentes en el intestino son programadas por las bacterias intestinales para tener propiedades antiinflamatorias, ellas ejercerán su función después de abandonar el intestino.

Es conocido que las enfermedades autoinmunes son más frecuentes en las mujeres que en los hombres; recientemente Danska y sus colaboradores han demostrado que los ratones machos tienen una colonización intestinal más precoz que las hembras y que el tipo de flora es diferente a partir de la pubertad. La interacción entre testosterona y flora intestinal protege contra la aparición de diabetes tipo I ( una enfermedad autoinmune ).

Los cambios en la colonización microbiana intestinal, un proceso que comienza al nacer, han sido identificados como un factor de riesgo en el desarrollo de enfermedades autoinmunes relacionadas con los alimentos. El intestino del recién nacido es prácticamente estéril y hacia los dos años ya se ha establecido una flora prácticamente igual a la que tendrá de adulto. Suele haber una estabilidad individual en la flora intestinal que puede cambiar con la edad, dieta, uso de antibióticos y factores ambientales.

Alteraciones en la microbiota se asocian a cáncer, obesidad y enfermedad inflamatoria intestinal y el conocimiento y manejo de estas bacterias nos llevará a un mejor tratamiento e incluso a la prevención de estas enfermedades. Pero es una ardua tarea dado que existen más de 1.000 especies bacterianas y éstas no son sólo “buenas y malas” sino que su desequilibrio puede hacer que una bacteria “ buena” se convierta en nociva.

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